Podemos resumir la filosofía de lo cotidiano en estos cinco puntos:
- Los marrones, decepciones y pequeñas catástrofes estarán siempre presentes en nuestro día a día. Forman parte de la existencia. Acéptelo.
- La felicidad reside en que no te importen demasiado. Es decir, cuanto menos te afecten mentalmente los conflictos cotidianos, más libre y satisfecho estarás.
- Ponerse siempre a prueba e intentar demostrar a los demás lo fuerte que somos nos conduce a la infelicidad.
- Dado que vivir consiste en resolver problemas, seleccione al menos los que merezcan la pena.
- El enfrentamiento es necesario. Hay cosas en nuestra vida que necesitan romperse para luego recomponerse y ser mejore
miércoles, 31 de octubre de 2018
De justicia
Giovanni Papini - Proceso a los inocentes
Hace tres semanas destrocé, con mi «Packard», a una vieja, y como sus parientes pretendían una indemnización impúdicamente desproporcionada a la pérdida -sabemos perfectamente cuál es el precio medio de las mujeres-, he tenido que llamar a un buen abogado para que me defendiese contra aquellos explotadores de cadáveres.
El abogado Francisco Malgaz parece, a primera vista, un patán montañés vestido de señor. Cúbico, mal garbado, basto, huesudo y adusto. Cabeza enorme, manos grandes, pies gigantescos, ojos de buey y dientes de caballo. Pero luego, al cabo de un rato de estar con él, se descubre que es un hombre de ingenio y de talento, culto y de amena conversación. He pasado con él más de una hora agradable. Ayer por la noche, por ejemplo, me confió sus ideas sobre la justicia.
-Nuestro sistema -decía- es absurdo y complicado. La herencia del Derecho romano nos oprime. El Derecho romano, con todas sus precauciones , casuismos, fue la obra de unos labriegos avaros y desconfiados que veían el castigo de los delitos bajo el aspecto de una represión. No se puede castigar el delito que ya ha sido cometido y es irremediable, sino tan sólo secuestrar al delincuente para que no cometa otros. Cuando leo en las sentencias que un individuo es condenado a tres años, ocho meses y veintisiete días, huelo a especulación. Parece que los jueces quieren hacer «pagar» al culpable el acto cometido con arreglo a una tarifa de precios que llega hasta el céntimo. Cuando haya pagado aquellos años, aquellos meses y aquellos días, el deudor estará en paz, lo mismo que antes. Es un error. Un delito es irreparable y por esta razón no se paga nunca y de ningún modo puede ser cancelado, puesto que no puede devolverse a la víctima la paz o la vida perdidas.
»Por otra parte, si un juez penetra en el fondo de las cosas, y en los procesos modernos larguísimos no puede pasar de otro modo, termina por darse cuenta de que el acusado no podía menos de realizar lo que ha realizado, dado el temperamento, las ideas, las necesidades, las pasiones y todo lo demás. Si nos fundamos en la psicología, todo culpable debería ser absuelto; si nos preocupamos de la defensa de la sociedad, todo culpable debería ser eliminado para siempre. Esas gradaciones minuciosas de penas son ilógicas y arcaicas y los procesos, para mí, pérdidas de tiempo inútiles.
»Lo importante es eliminar de la circulación a los delincuentes, sin sutilezas superfluas ni gastos gravosos. Yo dividiría los delitos en tres categorías: mayores, medios y menores. Y a cada categoría asignaría una pena única. Los mayores, como, por ejemplo, el parricidio, la traición a la patria, etcétera, deberían ser castigados con la muerte inmediata. Los medios -heridas, hurtos, estafas y análogos- con la deportación perpetua. Los menores -rapiñas, difamaciones- con la confiscación de la propiedad o una gran multa. De esta manera quedarían abolidos los tribunales y los jueces, las cancillerías y los jurados, los procedimientos, las prisiones con todos sus directores y carceleros, y la sociedad estaría protegida lo mismo, con inmensa economía de tiempo y de dinero. Los procesos son escuelas de delincuencia y las prisiones sementeras de criminalidad. Una buena Policía proveería a todo. Acosando al delincuente es fácil a un comisario el establecer la calidad de su delito y es fácil librarse de él. O se le mata, o se le expulsa del país, o se le hace pagar. Seguridad, rapidez y ahorro. En pocos años disminuirían el gasto de la justicia y el núnero de delitos.
»Los procesos, sin embargo, no serían suprimidos del todo. ¿Sabe contra quiénes deberían ser incoados? Contra los llamados inocentes. Procesar a los delincuentes es una extravagancia costosa, pero procesar a los inocentes es el deber supremo de un Estado consciente de sus deberes. Cuando se ha cometido un delito, toda la ciencia de los jueces, la elocuencia de los abogados y la severidad de los esbirros no pueden conseguir que el daño y la ofensa dejen de existir y sean incancelables. Pero se podría, en cambio, impedir al menos la mitad de los delitos que «serán cometidos» si los pretendidos «incensurables», los llamados «honrados», fuesen vigilados y sometidos a juicio.
»Cada municipio debería tener una junta de vigilancia y denuncia, compuesta de psicólogos y moralistas, a los que se podría añadir, si se creyese oportuno, un médico y un cura. Esta junta debería vigilar y, en ciertos casos, acusar a todos aquellos, y son innumerables, que viven de tal modo que se hallan expuestos, pronto o tarde, a la tentación y al contagio del delito. Hay en todas partes vagabundos notorios, desocupados desprovistos de rentas, seres coléricos, sanguinarios, recelosos, pródigos, fanáticos, pasionales. Todos los conocen y todos prevén que un día u otro acabarán mal, al menos en la proporción de un treinta por ciento. Si un hombre tiene una idea fija, si aquel otro cambia de oficio a cada estación, si éste es inclinado a la melancolía, la suspicacia o al lujo exagerado, se puede estar seguro de que no tardarán mucho en cometer alguna vergonzosa o criminosa acción. Son, en apariencia, personas de bien, pero en realidad delicuentes in fieri. Y entonces los procesos pueden ser necesarios, más que útiles. Si para los delincuentes naturales son intempestivos, para aquellos que lo son en potencia, son oportunos y utilísimos.
»Llame a juicio a los iracundos, a los libertinos, a los haraganes, a los avaros; amonésteles y, si es preciso, castíguelos. A los tiranos de la familia, quíteles la patria potestad; a los suspicaces demasiado susceptibles, extírpeles los cálculos biliares; a los derrochadores y dilapidadores, príveles del patrimonio; a los apasionados, sáqueles un poco de sangre. y mil y mil delitos serán evitados. Estos procesos preventivos serán la gloria del legislador y el triunfo del juez. La salvación de la moral y de la sociedad no se obtienen con vanos y costosos procesos contra los culpables, sino con interminables procesos contra los inocentes. La mayor parte de los crímenes los realizan hombres que parecían, una hora antes, inocentes y que así eran considerados por la ley. Los pretendidos inocentes son el semillero del cual salen los malhechores más repugnantes. Debemos dejar de mirar los actos externos -simples consecuencias materiales de un estado de ánimo- y atender, en cambio, a la conducta, a las opiniones, al género de existencia, a los sentimientos y las costumbres de todos los ciudadanos. Nadie. en la tierra, examinado de dentro a fuera, puede llamarse inocente. Procesar a un supuesto inocente significa, precisamente, salvarle a él y a nosotros del delito que podría cometer mañana.
Aunque el sistema del abogado Malgaz me parece demasiado simplista y propicio a los abusos, hay que reconocer, sin embargo, que no está falto de cierto barniz de lógica y de buen sentido.
Pero, para evitar cien procesos, ¿no tendrían al menos que incoarse veinte mil?
La republica
La compra de la República
(Capítulo de la novela Gog)
Giovanni Papini
En este mes he comprado una República. Capricho costoso que no tendrá continuaciones. Era un deseo que tenía desde hace mucho tiempo y del que he querido librarme. Me imaginaba que eso de ser el amo de un país daba más gusto.
La ocasión era buena y el negocio quedó concluido en pocos días. Al presidente le llegaba el agua hasta el cuello: su ministerio, compuesto por paniaguados1 suyos, estaba en peligro. Las arcas de la República estaban vacías; imponer nuevos impuestos hubiera sido la señal para el derrocamiento de todo el clan que asumía el poder, tal vez de una revolución. Ya había un general que armaba bandas de rebeldes y prometía cargos y empleos al primero que llegaba.
Un agente norteamericano que estaba allí me advirtió. El ministro de Hacienda corrió a Nueva York: en cuatro días nos pusimos de acuerdo. Anticipé algunos millones de dólares a la República y además asigné al presidente, a todos los ministros y a sus secretarios unos estipendios dobles que los que recibían del Estado. Me han dado en prenda -sin que lo sepa el pueblo- las aduanas y los monopolios. Además, el presidente y los ministros han firmado un convenio secreto que, prácticamente, me da el control sobre toda la vida de la República. Aunque yo parezca, cuando voy allí, un simple huésped de paso, soy, en realidad, el amo casi absoluto del país. En estos días he tenido que dar una nueva subvención, bastante fuerte, para la renovación del material del ejército y me he asegurado, a cambio de ello, nuevos privilegios.
El espectáculo, para mí, es bastante divertido. Las cámaras continúan legislando, en apariencia libremente; los ciudadanos siguen imaginándose que la República es autónoma e independiente y que de su voluntad depende el curso de los acontecimientos. No saben que todo lo que ellos creen poseer -vida, bienes, derechos civiles- penden, en última instancia, de un extranjero desconocido para ellos, es decir, de mí.
Mañana puedo ordenar la clausura del Parlamento, una reforma de la Constitución, el aumento de las tarifas de aduanas, la expulsión de los inmigrantes. Podría, si quisiese, revelar los acuerdos secretos de la camarilla ahora dominante y derribar con ello al Gobierno, desde el presidente hasta el último secretario. No me sería imposible empujar al país que tengo en mis manos a declarar la guerra a una de las repúblicas limítrofes.
Este poder oculto, pero ilimitado, me ha hecho pasar algunas horas agradables. Sufrir todas las molestias y servidumbre de la comedia política es una fatiga tremenda; pero ser el titiritero que, tras el telón, puede solazarse tirando de los hilos de los fantoches obedientes a sus movimientos es un oficio voluptuoso. Mi desprecio por los hombres encuentra aquí un sabroso alimento y miles de confirmaciones.
Yo no soy más que el rey de incógnito de una pequeña República en desorden, pero la facilidad con que he conseguido adueñármela y el evidente interés de todos los enterados en conservar el secreto, me hace pensar que otras naciones, y bastante más grandes e importantes que mi República, viven, sin darse cuenta, bajo una análoga dependencia de misteriosos soberanos extranjeros. Siendo necesario mucho más dinero para su adquisición, se tratará, en vez de un solo dueño, como en mi caso, de un trust, de un sindicato de negocios, de un grupo restringido de capitalistas o de banqueros.
Pero tengo fundadas sospechas de que otros países son efectivamente gobernados por pequeños comités de reyes invisibles, conocidos solamente por sus hombres de confianza, que continúan representando con naturalidad el papel de jefes legítimos.
FIN
* El cuento “La compra de la República” es un capítulo de la novela Gog, de Giovanni Papini.
viernes, 29 de junio de 2018
¿ERROR ECONÓMICO?
La política que nos aplican está más que pensada y organizada desde hace décadas, en escuelas de pensamiento, en universidades, y sólo busca una cosa: acabar por completo con el estado de bienestar, privatizarlo todo, acabar con cualquier atisbo de lucha sindical. En definitiva, lo de siempre, que los poderosos sigan mangando cuanto más mejor, mientras los demás nos conformamos con las migajas que quieran darnos. Si quieres algo te lo pagas, y si no te lo puedes pagar púdrete. Es la esencia del capitalismo, siempre lo ha sido, aunque durante algunas décadas en Europa se consiguiera domesticarlo. Pero como ya sabemos, todo esto empezó a cambiar a mediados de los 70 del siglo pasado en un proceso que, sin prisa pero sin pausa, nos ha traído adonde estamos. Y esta crisis, preparada o no, les ha venido como anillo al dedo para dar la puntilla. Sólo así se entiende ese "empecinamiento en el error". No hay tal error. Ni siquiera hay odio ni deseo de venganza. Como dirían los mafiosos, son sólo negocios. Lo que nos ocurre es que llevábamos tantos años de relativa tranquilidad con un estado de bienestar que nos amparaba, que hemos olvidado que la lucha de clases ha existido siempre, por más que ahora quieran hacernos creer que ya ni hay clases sociales. Nos habíamos dormido y ahora nos cuesta creer que todo esto es real y no una pesadilla. Pues bienvenidos todos al mundo real. Ya estamos despertando, pero la pregunta ahora es ¿cuando empezaremos a pelear?
Y quien dice que quieran arreglar nada? Esto es realmente lo que quieren, mantener pueblos en la inseguridad es el mejor método para tenerlos dominados.
Y quien dice que quieran arreglar nada? Esto es realmente lo que quieren, mantener pueblos en la inseguridad es el mejor método para tenerlos dominados.
A mediados de los setenta del pasado siglo EEUU (Gobierno Nixon y necesidad de financiar la guerra de Vietnam) rompió los acuerdos de Bretton Woods que desde el final de la guerra mundial, regían la economía del mundo, desvinculando el valor del dólar del valor del oro.
Francia y Alemania, que habían precipitado la crisis del momento, exigiendo transformar sus reservas de dólares en reservas de oro al precio, entonces fijo, de 35 dólares la onza, aceptaron inexplicablemente (inexplicablemente, si olvidamos el hecho de que estaban en la “guerra fría”) que el dólar siguiera siendo la moneda de reserva mundial, sin más control que el de la Reserva Federal (Banco Central) de Estados Unidos.
A partir de ahí la emisión sobre todo de dólares (bancarios y físicos) pero también de otras monedas, se disparó, las cantidades de emisión y las decisiones de cómo utilizarlas quedaron en manos del poder financiero (bancos privados y Bancos Centrales -altos directivos intercambiables-, clubs de ricos -G-8, G-20-…). Poder que, con Reagan-Thatcher (1980-1990) y hasta el estallido de la crisis o mejor, hasta ahora mismo, consiguió la des regulación de todo el sistema que, más o menos, había funcionado desde 1945-1950.
Ese descontrol monetario y esa falta de regulación del sistema financiero, junto con la entrada en juego de nuevas monedas competitivas con el dólar y nuevos países con poder económico China, han conducido a la economía de casino actual y al gran fraude que es la Gran Recesión.
La Gran Recesión -el gran fraude- es, como bien escribe Ferd, una nueva faceta de la lucha de clases, que en su forma actualizada de explotación, hay que explicar mucho mejor a la inmensa cantidad de desfavorecidos que la sufren.
Como hacerlo de forma inteligible es parte del problema que tenemos para conseguir que la gente se movilice y que algo cambie realmente.
Francia y Alemania, que habían precipitado la crisis del momento, exigiendo transformar sus reservas de dólares en reservas de oro al precio, entonces fijo, de 35 dólares la onza, aceptaron inexplicablemente (inexplicablemente, si olvidamos el hecho de que estaban en la “guerra fría”) que el dólar siguiera siendo la moneda de reserva mundial, sin más control que el de la Reserva Federal (Banco Central) de Estados Unidos.
A partir de ahí la emisión sobre todo de dólares (bancarios y físicos) pero también de otras monedas, se disparó, las cantidades de emisión y las decisiones de cómo utilizarlas quedaron en manos del poder financiero (bancos privados y Bancos Centrales -altos directivos intercambiables-, clubs de ricos -G-8, G-20-…). Poder que, con Reagan-Thatcher (1980-1990) y hasta el estallido de la crisis o mejor, hasta ahora mismo, consiguió la des regulación de todo el sistema que, más o menos, había funcionado desde 1945-1950.
Ese descontrol monetario y esa falta de regulación del sistema financiero, junto con la entrada en juego de nuevas monedas competitivas con el dólar y nuevos países con poder económico China, han conducido a la economía de casino actual y al gran fraude que es la Gran Recesión.
La Gran Recesión -el gran fraude- es, como bien escribe Ferd, una nueva faceta de la lucha de clases, que en su forma actualizada de explotación, hay que explicar mucho mejor a la inmensa cantidad de desfavorecidos que la sufren.
Como hacerlo de forma inteligible es parte del problema que tenemos para conseguir que la gente se movilice y que algo cambie realmente.
LOBO ESTEPARIO
Steppenwolf
Hermoso esto de la auto satisfacción, la falta de preocupaciones, estos días
llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer,
donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas
Cómo no había yo
de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos
fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención.No puedo aguantar
mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un
libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los
hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de
gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes
ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias
para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes; no puedo
entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y
por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan. Y lo que, por el contrario
si el mundo tiene razón, si esta
música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos
con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que
estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he
llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya
no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.
Eutanasia
Eutanasia
Tim O’Brien escribió en 1990 “Las cosas que llevaban los hombres que lucharon”, una gran novela sobre la supervivencia de un soldado (depende de lo que lleva). En la guerra, la línea que separa la vida de la muerte es más tenue que nunca. Aparte de lo que lleva en la mochila, carga con su memoria, recuerdos, amuletos, fantasmas del pasado, objetos triviales que no le dejan olvidar que hay otra vida más allá de la guerra. En el capítulo “Amigos” habla de cómo Dave Jensen y Lee Strunk se hicieron amigos en el campo de batalla y se confiaron sus vidas, “hicieron el pacto de que si uno de los dos resultaba gravemente herido –como para tener que ir en silla de ruedas-, el otro, automáticamente, se encargaría de liquidarlo. Hablaban en serio. Lo dejaron escrito en un papel, que firmaron junto con un par de compañeros a los que pidieron que hicieran de testigos. Y entonces, en octubre, Lee Strunk pisó una granada de mortero enterrada como si fuera una mina. Le arrancó la pierna derecha hasta la rodilla... Dave Jensen se acercó y se arrodilló junto a Strunk… hubo dudas acerca de si Strunk seguía vivo, pero al fin abrió los ojos y los alzó hacia Dave Jensen. ‘-¡Dios mío!’ –gimió, y trató de alejarse deslizándose y dijo-: ‘¡Por Dios, chico, no me mates!’ –‘Tranquilo’ –dijo Jensen. Lee Strunk parecía mareado y confundido. Se quedó quieto un instante y después hizo un gesto hacia la pierna: -‘En realidad, no es muy grave. No es el fin. ¡Eh, en serio… pueden volver a cosérmela… en serio!’ –‘Es cierto. Me juego algo a que pueden’. –‘¿Lo crees?’ -¿Por supuesto que sí’. Strunk frunció el entrecejo hacia el cielo. Volvió a desmayarse, después despertó y dijo: -‘¡No me mates!’ –‘No lo haré –dijo Jensen. –‘Hablo en serio.’ –‘Por supuesto’. –‘Pero tienes que prometerlo. Júramelo: jura que no me matarás’. Jensen asintió y dijo: ‘-Lo juro’. –Y un momento después llevamos a Strunk al helicóptero. Jensen tendió la mano y le tocó la pierna buena-: ‘Vete tranquilo’ –dijo. Más tarde nos enteramos de que Strunk murió en algún sitio sobre Chu Lai, lo que pareció aliviar a Dave Jensen de un peso enorme”.
Tim O’Brien escribió en 1990 “Las cosas que llevaban los hombres que lucharon”, una gran novela sobre la supervivencia de un soldado (depende de lo que lleva). En la guerra, la línea que separa la vida de la muerte es más tenue que nunca. Aparte de lo que lleva en la mochila, carga con su memoria, recuerdos, amuletos, fantasmas del pasado, objetos triviales que no le dejan olvidar que hay otra vida más allá de la guerra. En el capítulo “Amigos” habla de cómo Dave Jensen y Lee Strunk se hicieron amigos en el campo de batalla y se confiaron sus vidas, “hicieron el pacto de que si uno de los dos resultaba gravemente herido –como para tener que ir en silla de ruedas-, el otro, automáticamente, se encargaría de liquidarlo. Hablaban en serio. Lo dejaron escrito en un papel, que firmaron junto con un par de compañeros a los que pidieron que hicieran de testigos. Y entonces, en octubre, Lee Strunk pisó una granada de mortero enterrada como si fuera una mina. Le arrancó la pierna derecha hasta la rodilla... Dave Jensen se acercó y se arrodilló junto a Strunk… hubo dudas acerca de si Strunk seguía vivo, pero al fin abrió los ojos y los alzó hacia Dave Jensen. ‘-¡Dios mío!’ –gimió, y trató de alejarse deslizándose y dijo-: ‘¡Por Dios, chico, no me mates!’ –‘Tranquilo’ –dijo Jensen. Lee Strunk parecía mareado y confundido. Se quedó quieto un instante y después hizo un gesto hacia la pierna: -‘En realidad, no es muy grave. No es el fin. ¡Eh, en serio… pueden volver a cosérmela… en serio!’ –‘Es cierto. Me juego algo a que pueden’. –‘¿Lo crees?’ -¿Por supuesto que sí’. Strunk frunció el entrecejo hacia el cielo. Volvió a desmayarse, después despertó y dijo: -‘¡No me mates!’ –‘No lo haré –dijo Jensen. –‘Hablo en serio.’ –‘Por supuesto’. –‘Pero tienes que prometerlo. Júramelo: jura que no me matarás’. Jensen asintió y dijo: ‘-Lo juro’. –Y un momento después llevamos a Strunk al helicóptero. Jensen tendió la mano y le tocó la pierna buena-: ‘Vete tranquilo’ –dijo. Más tarde nos enteramos de que Strunk murió en algún sitio sobre Chu Lai, lo que pareció aliviar a Dave Jensen de un peso enorme”.
miércoles, 13 de junio de 2018
TECNOLOGÍA y desempleo
TECNOLOGÍA Y DESEMPLEO
Una reciente investigación de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) concluye que, después de la crisis económica mundial, la tecnología es la primera causa del aumento del desempleo en el mundo. El director de esta Organización, José Manuel Salazar-Xirinachs sostiene que “Los robots, los ordenadores y la automatización incrementan la productividad, pero reducen el potencial de crear empleos del sector manufacturero”. Esto, según el experto, ha llevado a que incluso naciones como Japón hayan registrado un descenso en el número de empleos en este sector a causa de las innovaciones tecnológicas.
Noticias como esta sin duda generan preocupación y nos llevan a preguntarnos una vez más hasta qué punto la tecnología contribuye con el crecimiento y la evolución del ser humano, o representa a largo plazo una amenaza para nuestro bienestar. Y es que si se mira la situación con detenimiento, es posible ver que esta preocupación ha estado presente en todas las épocas y ha sido una constante en la historia de la humanidad.
Aunque nuestro proceso histórico ha estado marcado por un miedo a lo desconocido y los grandes avances siempre han generado zozobra y ansiedad en las épocas en que se producen, también es cierto que la tecnología sí ha tenido la capacidad de suplir y desplazar el trabajo humano. Desde la invención de la rueda, hasta los más sofisticados robots, pasando por la invención de la imprenta y la máquina de vapor, las novedades en materia tecnológica han transformado la economía y el mundo laboral eliminando trabajos tradicionales y creando nuevos roles.
Especialmente en las empresas relacionadas con manufactura y en otros sectores donde el trabajo manual y poco tecnificado han sido la base de la producción, la influencia de la tecnología como factor de mayor productividad y de consecuente desempleo se ha visto de manera creciente, y con mucha más fuerza en las últimas décadas. Y aunque cada nuevo avance tecnológico ha tenido la capacidad de generar nuevos empleos, las tendencias revelan que son muchos más los que se eliminan como causa de estos.
Con el fin de suplir un poco este vacío y de evitar que muchas personas se vean en situación de desempleo, muchos gobiernos y compañías alrededor del mundo han buscado, en tiempo recientes, capacitar a los trabajadores en tecnología, con el fin de que ellos puedan ocupar otros puestos en los que se requiera menos mano de obra y más trabajo intelectual.
Este tipo de medidas ayudan a reducir en parte el esfuerzo físico y abren espacios para actividades en las que sea necesario usar más las funciones cerebrales, pero ciertamente no representan una solución de fondo ante el gran número de personas que cada día pierden sus empleos y que por edad, desgaste físico o por otros factores no pueden acceder tan fácilmente a la formación en materia de tecnología y se quedan irremediablemente excluidos del mercado laboral.
Si bien no tiene sentido entrar en pánico frente a esta problemática, si es claro que es un asunto que genera preocupación y por eso debe tenerse en cuenta como unos de los grandes retos que enfrenta la humanidad en la actualidad y de cara a un futuro cercano. Es vital que seamos capaces de reflexionar detenidamente al respecto, pero ante todo que tengamos la capacidad de adaptarnos a los cambios sin deshumanizarnos y que hagamos uso de nuestra inagotable inteligencia para dar con soluciones que nos permitan mantener el equilibrio entre los avances tecnológicos y nuestro bienestar.
Si gracias a nuestra genialidad hemos dado con creaciones tan asombrosas, útiles y beneficiosas, sin duda tendremos también el poder de valernos de ellas y de nuestra infinita capacidad de adaptación y cambio para dignificar nuestra condición y lograr siempre que sea la tecnología la que esté a nuestro servicio y no lo contrario.
Una reciente investigación de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) concluye que, después de la crisis económica mundial, la tecnología es la primera causa del aumento del desempleo en el mundo. El director de esta Organización, José Manuel Salazar-Xirinachs sostiene que “Los robots, los ordenadores y la automatización incrementan la productividad, pero reducen el potencial de crear empleos del sector manufacturero”. Esto, según el experto, ha llevado a que incluso naciones como Japón hayan registrado un descenso en el número de empleos en este sector a causa de las innovaciones tecnológicas.
Noticias como esta sin duda generan preocupación y nos llevan a preguntarnos una vez más hasta qué punto la tecnología contribuye con el crecimiento y la evolución del ser humano, o representa a largo plazo una amenaza para nuestro bienestar. Y es que si se mira la situación con detenimiento, es posible ver que esta preocupación ha estado presente en todas las épocas y ha sido una constante en la historia de la humanidad.
Aunque nuestro proceso histórico ha estado marcado por un miedo a lo desconocido y los grandes avances siempre han generado zozobra y ansiedad en las épocas en que se producen, también es cierto que la tecnología sí ha tenido la capacidad de suplir y desplazar el trabajo humano. Desde la invención de la rueda, hasta los más sofisticados robots, pasando por la invención de la imprenta y la máquina de vapor, las novedades en materia tecnológica han transformado la economía y el mundo laboral eliminando trabajos tradicionales y creando nuevos roles.
Especialmente en las empresas relacionadas con manufactura y en otros sectores donde el trabajo manual y poco tecnificado han sido la base de la producción, la influencia de la tecnología como factor de mayor productividad y de consecuente desempleo se ha visto de manera creciente, y con mucha más fuerza en las últimas décadas. Y aunque cada nuevo avance tecnológico ha tenido la capacidad de generar nuevos empleos, las tendencias revelan que son muchos más los que se eliminan como causa de estos.
Con el fin de suplir un poco este vacío y de evitar que muchas personas se vean en situación de desempleo, muchos gobiernos y compañías alrededor del mundo han buscado, en tiempo recientes, capacitar a los trabajadores en tecnología, con el fin de que ellos puedan ocupar otros puestos en los que se requiera menos mano de obra y más trabajo intelectual.
Este tipo de medidas ayudan a reducir en parte el esfuerzo físico y abren espacios para actividades en las que sea necesario usar más las funciones cerebrales, pero ciertamente no representan una solución de fondo ante el gran número de personas que cada día pierden sus empleos y que por edad, desgaste físico o por otros factores no pueden acceder tan fácilmente a la formación en materia de tecnología y se quedan irremediablemente excluidos del mercado laboral.
Si bien no tiene sentido entrar en pánico frente a esta problemática, si es claro que es un asunto que genera preocupación y por eso debe tenerse en cuenta como unos de los grandes retos que enfrenta la humanidad en la actualidad y de cara a un futuro cercano. Es vital que seamos capaces de reflexionar detenidamente al respecto, pero ante todo que tengamos la capacidad de adaptarnos a los cambios sin deshumanizarnos y que hagamos uso de nuestra inagotable inteligencia para dar con soluciones que nos permitan mantener el equilibrio entre los avances tecnológicos y nuestro bienestar.
Si gracias a nuestra genialidad hemos dado con creaciones tan asombrosas, útiles y beneficiosas, sin duda tendremos también el poder de valernos de ellas y de nuestra infinita capacidad de adaptación y cambio para dignificar nuestra condición y lograr siempre que sea la tecnología la que esté a nuestro servicio y no lo contrario.
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